Querido diario...
Éste verano ha sido el mejor de mi vida, y no lo digo porque sí... Cada año, en vacaciones, voy de colonias, pero no es un campamento como cualquier otro, no, son unas colonias musicales en las que niños de todas las edades preparan una cantata. Cada año, el espectáculo emociona a los padres y divierte a los más pequeños, pues no solo cantan, interpretan un guión, y los mayores, acompañan el show con sus instrumentos ¡tocando la banda sonora de la función!
Pues bien, este año, he pasado de ser uno de los pequeños cantores del coro, a ser el percusionista, el batería, el que lleva el ritmo de la música.
Hay que tener en cuenta, que no estábamos todo el día metidos en un aula estudiando sin parar, allí también hacíamos vida social, y conocí a una chica preciosa...
Los monitores nunca nos dejaban entrar en la habitación, ya que nos querían tener siempre controlados, pero cuando encontrábamos un ratito, nos escapábamos todos los mayores a la habitación y nos echábamos la siesta. Hay que tener en cuenta, que uno de nosotros tenia que estar vigilando por si venia algún profe. Si venia alguno, nos avisaba y todos pegábamos un bote de la cama. Íbamos a hablar con el que se acercaba y disimulamos, pero no era fácil, todos íbamos extremadamente dormitados, y éso cantaba a la legua.
La cantata quedó de lujo, y todos los espectadores quedaron maravillados al ver que sus hijos podían montar semejante espectáculo y adquirir ese talento en una simple semana.
Querido diario...
Este verano no ha constado simplemente el ir de colonias, este verano he ido a París, sí, sí, París, la ciudad del amor... Querido diario, es una ciudad preciosa... La torre Effiel, la catedral de Notre Damme, los 24 puentes que cruzan el Sena... Y pensar que mientras yo estaba en París mientras otros se jugaban el pellejo en los exámenes de recuperación de Septiembre era de lo más inquietante...
¡QUE VACACIONES!