
A las siete y media de la mañana el despertador sonó, con ese horrible pitido. Me despoje de las sabanas y me fui al baño. Me puse la ropa más cómoda que encontré y me fui a la cocina. Me tome una birria de zumo de naranja envasado en cartón. Después cogí mi ordenador y entre en mi blog, solamente dedicado a mi fanatismo. Pero cuando intente entrar, no pude. Eche un vistazo al blog y me di cuenta de que algunas entradas estaban cambiadas, insultando a mis lectores y a nuestro ídolo común ¿Cómo podía ser? ¡Nadie sabía mi contraseña! Entonces solo podía tratarse de… un hacker.
Conseguí descubrir quién era y su correo. Recupere el control del blog y le bloquee para que no pudiera volver a hackearme el blog. Pedí perdón a mis lectoras. Al final, todo volvía a estar en su sitio.
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